sábado, 20 de marzo de 2021

La honradez

 

                                                                  ('Psique honrado por el pueblo', de Giordano)


        He elegido este valor humano como objeto de esta reflexión porque, aunque mi padre era un hombre de una pieza, rico en valores, solo nos exhortó explícitamente muchas veces para que fuéramos honrados. Andaba estos días recordando y me pregunté: ¿Qué es la honradez? Y les aseguro que no acababa de tenerlo claro. Mi padre usaba el término en el sentido de que no metiéramos la mano, que no robáramos. “Un hombre honesto no roba lo que no es suyo” -decía. Desconozco por qué mi padre insistía tanto en esto. Acaso conocía bien uno de los rasgos históricos del ciudadano español: Su carácter de pícaro; la picaresca.

Aunque el interés de esta reflexión no se centra en la picaresca, solo para refrescar la memoria, como botón de muestra, presento tres situaciones, con la seguridad de que ustedes conocen muchísimas más: empresarios que emplean a trabajadores por ocho horas pero que sólo cotizan a la Seguridad Social por este trabajador cuatro horas; trabajadores por cuenta propia, no dados de alta como autónomos, que ganan al mes el sueldo de un médico, pongamos por caso, y que están fuera del control de Hacienda; y el último caso, que está en boca de muchos españoles: los políticos (no todos) que están ahí únicamente para enriquecerse. Lo peor de estas situaciones es que están aceptadas, alentadas y justificadas por muchos ciudadanos.

Pero vamos al grano. A ver si consigo entender medio bien qué es la honradez. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y atendiendo a los conceptos de honrado, honesto, honrar y honestar, recojo los significados más relevantes: Rectitud de ánimo, integridad en el obrar. Decente o decoroso. Recatado, pudoroso. Razonable, justo. Respetar a alguien. Portarse con moderación y decencia. Obviamente no da una explicación suficiente.

Desde un punto de vista ético-filosófico, la honradez dimana de nuestro mundo interior, de la conciencia de la persona, y se plasma en el mundo exterior a través de sus acciones. Algunas notas características de la persona honrada son:

Sabe lo que es lo correcto con respecto a lo que él quiere y desea desde el fondo de su corazón para su propia vida. Y pone los medios para su realización.

Respeta las buenas costumbres, los principios morales y los bienes ajenos:

El individuo adecúa su conducta a las normas que son consideradas correctas por la comunidad en que se desenvuelve.

Ama a la justicia por encima del beneficio personal o de la conveniencia. Quien es honesto no toma nada ajeno, ni espiritual ni material. Es la acción constante de evitar apropiarse de lo que no nos pertenece.

Ama a la verdad: De las personas honestas se espera que digan ante todo la verdad, que sean justos y razonables, que sean transparentes en sus motivaciones. Me viene a la memoria un cuento archiconocido de Pinocho, de Carlo Collodi, seudónimo de Carlo Lorenzini (1826-1890). Después de haber mentido Pinocho en varias ocasiones seguidas, el Hada que lo mira, se ríe y le dice: “Las mentiras, niño mío, se reconocen en seguida, porque las hay de dos clases: las mentiras que tienen las piernas cortas y las mentiras que tienen la nariz larga; las tuyas, por lo visto, son de las que tienen la nariz larga”. (Las aventuras de Pinocho, Carlo Collodi, págs. 97-103, Alianza Ed.)

La persona honrada busca la coherencia entre lo que piensa, dice (predica) y hace. Ningún pensamiento se opone a otro, ninguna palabra está en desacuerdo con otra y ningún acto contradice la palabra. Sostiene su punto de vista delante de auditorios muy diferentes y su conducta será la misma esté donde esté. No actúa de acuerdo a lo que resulta más conveniente hacer o decir a los demás. Es tener identidad y coherencia para estar orgulloso de sí mismo. Esta característica es básica para los padres y los maestros que son modelos de referencia para sus hijos y sus alumnos. “Los hijos solo obedecen a los padres cuando ven que los padres obedecen la regla. El orden y la regla, una vez establecidos y reconocidos, son la más fuerte de las potencias.” “Lo que se comunica –que el calor del entusiasmo es indispensable para todas las instrucciones con las que se desea que pueda empaparse el alma de los niños. Es preciso que un maestro tenga algo de lo que se comunica.” (Pensamientos, Joseph Joubert, págs. 372 y 348, Península).

 “Ser honesto es ser real, genuino, auténtico, de buena fe. Ser deshonesto es ser falso, impostado, ficticio. La honestidad expresa respeto por uno mismo y por los demás. La deshonestidad no respeta a la persona misma ni a los demás. La honestidad tiñe la vida de apertura, confianza y sinceridad, y expresa la disposición de vivir a la luz. La deshonestidad busca la sombra, el encubrimiento, el ocultamiento. Es una disposición a vivir en la oscuridad”. (El libro de las virtudes, William J. Bennett, pág. 463, Ed. Vergara)

He conocido muchos hombres honrados. No estoy de acuerdo con el filósofo cínico Diógenes cuando afirma que en Atenas y Corinto “con vela y farol, cuando brillaba el sol, busqué hombres honestos, mas no pude encontrar ninguno” (El libro de las virtudes, William J. Bennett, pág. 463, Ed. Vergara). Obviamente me refiero a una honradez viva, real, no exenta de contradicciones, que está moldeada/limitada por el contexto espacio-temporal que a cada uno le ha tocado vivir. El hombre honesto asume sus limitaciones, sus imperfecciones, sus errores, sus estupideces. Porque la moral pura es irreal e inhumana, incluso puede llegar a ser cruel.

Michel de Montaigne en sus Ensayos Completos, página 226 (Cátedra) afirma: “… Podemos tornar en vicio la virtud si la abrazamos con deseo demasiado ávido y violento…” Y recoge un texto clásico: “Al sabio llamaríamos insensato, al justo injusto, si buscara la virtud misma más allá de lo bastante.” (Horacio, epist. 1,6, 15-16).

        También, Albert Camus en “El hombre rebelde”, página 283-284, editor digital Titivillus, se refiere a la necesidad de una moral realista y de un realismo moral. Dice así: “La revolución del siglo XX decreta que los valores están mezclados con el movimiento de la historia… La mesura… nos enseña que hace falta una parte de realismo a toda moral: la virtud enteramente pura es criminal; y que hace falta una parte de moral a todo realismo: el cinismo es criminal. Por eso, la verborrea humanitaria no está más fundada que la provocación cínica. El hombre, por último, no es enteramente culpable, no comenzó la historia; ni totalmente inocente, puesto que la continua. Los que sobrepasan este límite y afirman su inocencia total acaban en la rabia de la culpabilidad definitiva”.

        Por último, Joseph Joubert en un texto más breve (Pensamientos, página 203) asevera: “… ninguno de nosotros está destinado a saberlo todo y a no engañarse nunca”.

He aquí algunos ejemplos de conductas honestas:

Hay hombres y mujeres que cumplen hasta la extenuación realizando el trabajo por el que le pagan a final de mes; un trabajador honesto no intenta descargar su trabajo en los compañeros, sino que sabe hasta dónde llegan sus responsabilidades y cumple con sus competencias; he visto a buenos profesionales que tratan con igual respeto a los compañeros, tengan el nivel que tengan, en la escala jerárquica laboral. “Hacia ahí han de dirigirse tus pensamientos; hacia ahí han de ir tus afanes y deseos, sin pedir nada más a los dioses: a estar contento contigo mismo y con los bienes que nacen de ti mismo. ¿Qué felicidad más a tu alcance que ésta? Redúcete al nivel más humilde, un nivel del cual no puedas ya caer…”. (Cartas morales a Lucilio, Séneca, pág. 47, Planeta).

 

He conocido personas que se han negado a aceptar enchufes para medrar; he visto personas y algunos políticos que no se aprovechan de las dietas de la Administración cuando no las han trabajado; he visto personas que donan una parte no baladí de su salario a acciones solidarias. “Lo que deprava al hombre no es el deseo de los verdaderos bienes, sino el deseo de los que son falsos. Jamás pueblo alguno se corrompió por tener trigo, frutos, un aire puro, mejores aguas, artes más perfectas, mujeres más hermosas, sino por tener oro, pedrería, súbditos, poder, un falso renombre y una injusta superioridad”. (Pensamientos, Joseph Joubert, página 284, Ed.  Península.)

He conocido personas que ajustan sus gastos a sus ingresos y viven la penuria económica con serenidad; otros que informan al vendedor cuando se ha equivocado a su favor con el cambio; a algunos políticos honestos que no aceptan sobornos, mantienen su compromiso con el bien común y no salen del cargo público convertidos en millonarios. “Señores, no tengáis en cuenta si hablo con gran libertad, sino si lo hago sin tomar nada a cambio y sin sacar provecho para mis asuntos”. (Ensayos completos, Michel de Montaigne, pág. 777, Ed. Cátedra)

He visto seres delicados que cuidan sus palabras para no herir a otros; personas que no se ocultan, que siempre dicen la verdad, aunque pueda perjudicarles; he visto gente muy bien informada que jamás presumen de sus conocimientos; he visto seres humanos que asumen la responsabilidad de sus errores, rectifican y corrigen cuando ha sido necesario. “… aceptad de buena fe que ayer no fuisteis excesivamente honesto, ni excesivamente prudente, ni excesivamente moderado. ¡Felices los que vivan hoy con vos!”. (Pensamientos, Joseph Joubert, pág. 403, Ed. Península).

Hay personas recias qué a pesar de haber recibido muchos palos de la vida, de haber tenido que aceptar realidades duras, se niegan a perder la esperanza y siguen tratando de sobrevivir con dignidad; hay amigos que se llevan a la tumba el secreto que otro amigo le ha confiado; hay seres que por ser fiel a sus principios viven en soledad.

Estas acciones sirvan de ejemplo. Seguro que hay muchísimas más. En todas ellas se refleja la necesidad de ser fiel a sí mismo, a la propia conciencia. “El freno de oro no hace mejor al caballo… Nadie debe gloriarse más que de lo suyo propio. Admiramos la vid cargada de fruto, cuyo peso doblega los puntales que la sostienen; ¿la preferiríamos a otra que tuviese las hojas y los racimos dorados? La fertilidad es la virtud propia de la vid; en el hombre no se debe celebrar más que aquello que le es propio.” (Epístola XLI, Séneca, págs. 1123-1126, EDAF). De lo contrario, seremos aparentemente cuerdos, pero en el fondo de nuestro ser estaremos perturbados.

Lejos de mi deseo que esta reflexión se convierta en una arenga moral, demagógica. No pretendo, tampoco, proponer una “secta de los morales”, porque la honradez es un valor personal que no se puede adscribir de entrada a ningún movimiento religioso o político. Porque, además, creo que no hay un único modo de ser honrado. Comportamientos aparentemente inmorales según una determinada cultura, pueden resultar coherentes según otra. Las únicas acciones humanas repudiables son aquellas que se basan en la crueldad y el maltrato, o que atentan contra los derechos humanos.

Finalmente, tengo noticias fehacientes bien documentadas de que se ha creado a nivel internacional, en todas las grandes ciudades, el Instituto Económico de Formación y Fomento de Gorrones (IEFFG), fundación cultural vinculada a una Entidad Bancaria.  Su lema es: “El pardillo nace, el competente se hace”. Su finalidad: Crear expertos en estrategias económicas cotidianas de expoliación y en técnicas para mantenerse por debajo del radar de los distintos sistemas de Hacienda. Se han apuntado a sus cursos muchos políticos y la élite económica de cada una de las ciudades, los avispadillos de cada pueblo y quizás yo, aún me lo estoy pensando.


Publicado en "La Voz del Sur".

https://www.lavozdelsur.es/opinion/la-honradez_183472_102.html

 

 

 



 

 

 

Lo que pido a los políticos

    Sinceramente, no me interesa la política del día a día, es demasiado inmediata y poco interesante. Tampoco me gusta la política de lucha de poder, de movimientos tácticos sin objetivos a largo plazo para nuestro país.  Solo me atrae la política en la medida en que mejora la vida de los ciudadanos y que éstos, de algún modo, ganen presencia y aumenten su control sobre la vida pública.

    Dicho esto, pergeñaré lo que le pido a los políticos:

    En primer lugar me parece imprescindible para ser un buen político que haya sido previamente un buen ciudadano. Y un buen ciudadano es el que ha trabajado como adulto por cuenta propia o ajena. Antes de participar del poder han debido de tener una vida de servicio público a través del trabajo. Esta experiencia elemental los situará lejos de la demagogia y en la realidad, y les permitirá tomar decisiones basadas en criterios objetivos. Sé, por desgracia, que esto no es así en muchos casos.

    Que no entiendan la política como una profesión para ganarse el sustento. Que no se eternicen en los cargos o de cargo en cargo. Si una actividad es, en un sentido puro, vocacional esa es la política. Vocación de servicio público, sentido comunitario. Aunque sé que, por desgracia, esto no es así en muchos casos.

    Esto anterior implica que debe tener un conocimiento técnico y una sensibilidad honda hacia la realidad social. Hay dos formas de conseguirlo: haber trabajado con continuidad en organizaciones sociales  o bien mediante estudios universitarios especializados, alcanzados legal y regularmente. Esto le permitirá aportar opiniones fundamentadas en el rigor, la ciencia y el humanismo, y rechazar las supercherías. También sé que, por desgracia, esto no es así en muchos casos.

  Me gusta mucho en un político que tenga un criterio propio sobre las cosas, personalidad en las opiniones que emite. No soporto la censura impuesta y aceptada de un argumentario de partido. Quiero políticos librepensadores. Es donde se demuestra la valía de una persona, que es anterior al cargo político. No me interesan los políticos típicos, mediocres y aburridos. ¡Qué envidia de los parlamentos anglosajones donde algunos políticos opinan y deciden en contra, algunas veces, de su propio partido! Aunque sé que, por desgracia, esto no es así en muchos casos.

    Un político tiene que tener proyectos: saber qué quiere hacer de su ciudad, comunidad autónoma o Estado. Esto significa muchas horas de reflexión libre y creativa, individualmente y en equipo. Ya sé que el político es, fundamentalmente, un hombre de acción, pero si no piensa no aporta nada nuevo.  No me gusta que el político sea un mero gestor conservador, en muchos casos ni eso, del aparato burocrático que se encuentra. Sé que, por desgracia, esto es así en muchos casos.

    Un político debe mirar por su pueblo y, dentro de su pueblo, por los más pobres, los más necesitados. Tiene que ser justo y tener un hondo sentido de la justicia. Aquí es clave el respeto y el desarrollo lo más amplio posible de los Derechos Humanos. También debe ser sensible a las reivindicaciones populares y a los movimientos sociales.  No obstante, debe tener un sentido de la justicia contextualizado. Por ejemplo: Si en el sector de las empleadas de hogar la mayoría son mujeres el objetivo debe ser mejorar sus condiciones laborales, y si en el sistema educativo el fracaso escolar es mayor entre los alumnos varones, la discriminación positiva debe ser a favor de éstos. Un político tiene que tener claro que está para servir a la comunidad y no para anteponer los intereses personales o de partido. Sé que, por desgracia, esto es así en muchos casos.

    Un político debe saber distinguir entre Iglesia y Estado. Esto conceptualmente está claro en la Constitución. Saber distinguir los dos planos es un proceso progresivo que se inicia en el Renacimiento y se consolida con la Ilustración. De la religión el ámbito privado, de la política el ámbito público. Salvo que se sea un hipócrita al que interesa mezclar todo, el político es un hombre público; cuándo participa de un acto religioso lo hace a título privado. Aunque sé que, por desgracia, esto no es así en muchos casos.

    Un político debe tener cierta coherencia ética: entre lo que dice y lo que hace; entre las distintas acciones que marcan su quehacer político. La política de codazos y mentiras no es agradable para la gente sencilla. El fin no justifica los medios. La división dentro de los partidos por intereses personales no tiene el apoyo de los ciudadanos.  La política debe impulsar a hombres educados y honrados, con cierta capacidad de consensuar acuerdos. Aunque sé que, por desgracia, esto no es así en muchos casos.

    En fin, no deseo ni héroes ni santos. Son cualidades personales; en otra ocasión podré reflexionar sobre la estructura de los partidos y del Estado. Solo exijo cierta calidad humana y técnica en nuestros políticos. Para eso sería conveniente que las listas electorales fueran abiertas, para poder elegir políticos de calidad que hagan aportaciones creativas basadas en las necesidades de la comunidad y que, de facto, bloqueen la omnipotencia de los líderes mediocres que nos gobiernan; salvo honradas excepciones, benditos sean.

    Comprenderán los lectores que, después de lo expuesto, para mí los mejores políticos son los ciudadanos de a pie que trabajan a diario con primor e ilusión para mejorar la vida de este país.


Publicado en "La Voz del Sur".

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Desvaríos de un demente (Michel de la Mer)

El mar fluye y el árbol crece, sin contradecirme ni asentir.

Sin desdeñar la belleza prefiero el atractivo, el buen gusto, el trato agradable y el humor. Esa gracia que permanece en el tiempo.

Él y ella, ella y él, aún tenían tiempo de cogerse de la mano y del brazo para ayudarse a llegar acompañados a la otra acera de la muerte.

Me gustan más las palabras ingrávidas, vaporosas, que me sugieren, que me inspiran, que me despiertan sentimientos, que me hacen volar; no así los mensajes contantes y sonantes, cerrados, que se quedan ahí, como palabras muertas. Me ahogan.

Soy como la mayoría de la gente: No sé cómo se hacen las cosas. Pero... juzgarlas... ¡de maravilla! No hay nada más peligroso que un ignorante motivado.

Tenemos el espíritu distorsionado, enfermo, del exceso de información inútil. Odio el dataísmo (la adoración de los datos) y el análisis, la nueva religión del big data y la inteligencia artificial. Prefiero a un vidente africano antes que a un analista de datos para predecir el futuro.

En el viaje de la vida prefiero un caminar sintético en lugar de analítico: me doy por satisfecho con las ideas que fluyen por mi mente sin necesidad de diseccionarlas.


Amar se expresa en el respeto, desde lo más cerca posible, a la persona completa, con sus virtudes y sus vicios, sus grandezas y sus miserias, sin excluir nada.

sábado, 23 de mayo de 2020

Selección de "Obviedades", de Michel de la Mer

Si la vida te da limones, haz una limonada.

Si el hombre tiene cerebro, puede pensar. Luego, la incultura no existe.

Quien mucho habla mucho yerra. Por eso, en el mundo reina el silencio. 

El hombre es un ser social, dijo Aristóteles ensimismado con su móvil.

El hombre y la mujer son libres; aun cuando estén casados.

Si los padres cuidan de los hijos, éstos cuidarán de los padres.

Cada palabra que los hombres emplean para hablar de caridad y/o solidaridad va ligada a hechos caritativos y/o solidarios. Por eso, no hay pobres en el mundo.

Me gusta que los comerciales exhiban su sonrisa; siempre van a favor del cliente.

La política es un circo. Su número principal son los trapecistas. El resto vive con las bestias.

Toda religión exhorta a la paz y al amor. Por eso, nunca hubo guerras de religión.


Un texto de acompañamiento:
«... La pequeñez humana es indescriptible. Es indiferente que el hombre piense o no piense; que crea o no crea.»

             Cuaderno gris, Josep Pla, página 229. 

jueves, 9 de abril de 2020

Desvaríos de un demente


Qué Dios bendiga a los creyentes y la Naturaleza honre a los agnósticos. ¡Qué Dios y la Naturaleza no se contradigan!

Dijo un amigo a otro: "Aquel hombre es un ser extraño". Le contestó su compañero de paseo: "Sí, seguro, como todos". El primero dijo: "Pues sí".

Duermevela: Para algunos hombres la pereza es dulce y suave; la somnolencia producida por la modorra es su ideal. ¡Qué agradable unos gramitos de elegida estupidez!

En la vida tenemos dos opciones: la angustia y el humor. Con el humor se sobrelleva la angustia. En todo caso, es mejor que la histeria colectiva. La risa alivia la pesadumbre de vivir.

Cuando nacemos el espíritu de los hombres está vacío de contenido, limpio y sereno como el azul. Tabula rasa. Es la inacción en medio de un ajetreo de acciones. Alejarse del ruido y del escándalo, incluso informativo, es una señal de inteligencia que vuelve al origen.

Antes de la oralidad estaba el silencio. Ahora, el silencio vence a la palabra.  Las palabras engañan, sobretodo la palabra hablada. O ha sido al revés: las palabras han sepultado inexorablemente al silencio.

Los intereses se disfrazan de ideas; como el cuerpo solo aparentemente se guía por el alma.

El día que tire la toalla. ¡Ay... el día que tire la toalla...! Se acabó todo, qué triste. Resurjo de las cenizas pero algún día me achicharraré sin retorno.

Es inmoral todo lo que impide la voluntad de vivir de una manera natural, según el criterio íntimo.

Si nadie nos avisó el día que nacimos, ¿por qué nos avisa la muerte con sus signos: el deterioro y las enfermedades? ¿Quién diseñó este tránsito?

El laicismo sigue amarrado a la tradición cristiana. La culpa y el miedo sobrevive en el  libre pensamiento después de la Ilustración.


Unas palabras que no son mías para terminar:


¡Intereses del mundo, no valéis lo que un suspiro!


Benito Pérez Galdós, Trece cuentos, La princesa y el granuja, Editorial Edaf, Pos. 2104

viernes, 20 de diciembre de 2019

Biografía de soledades

El primer frío: Expulsión de la placenta. Una niña abandonada en la basura. Desde entonces, siempre, al amanecer, la tristeza.

“Decidle a… -susurró la niña-.  Decidle a alguien que yo estoy aquí”. Del poema  “Nochebuena” de Eduardo Galeano.

La soledad es cuando en la pubertad, al atardecer, en un banco de un parque desértico, te descubres a ti mismo, por primera vez, sin lazos, sin norte. Se mira en un espejito cuarteado.

La soledad es cuando ante un acto fallido, la censura colectiva te reprende e injuria. ¡Maldita culpa!

Soledad es enredarte/perderte en tu monólogo. Muchas palabras que compartir sin tener con quién.

La soledad es una jaula de grillos en la cabeza que nunca silencian. ¿La locura?

Soledad es el caos, el abismo: nervios, excitación perenne. Vacío que excava en otro vacío.

La soledad es vivir en un mundo que no comprendes: Te abruma, te aturde, te lamina. ¡Condenada materia!

La soledad es tomar la decisión adecuada en un cruce de caminos retorcidos. Acorralado.

Heridas de amor: pérdida, derrota. No te roza su mirada, su sonrisa, su caricia. Extravío perpetuo.

La soledad es arrastrar una nube negra y ver al mundo sonreír. Invierno.

Hay palabras que hieren y palabras que acarician el alma. Las primeras ahondan la soledad, las segundas contagian paz y calor.

La soledad es ese paseo solitario en el que las ideas se decantan, se cimentan, y el alma respira. Oasis.

Soledad es vivir en el escepticismo que dan los años, el tiempo. Nada  lo revierte ni lo consuela. “Soy Paco. Tengo ochenta y siete años. Mi compañera se me fue. Mis hijas me dicen que vaya con ellas. Cuando estoy en su casa sentado siento que estorbo”.

La soledad es llegar después de una juventud enardecida, a una senectud de indiferencia. Mirándose sin mirarse.

Soledad es no conocer el tiempo exacto que te queda para morir. Porque el fluir del tiempo, en el transcurso de la vida, no tendrá piedad de ti. Campo de minas.

                             
                   Hay cosas peores que
                   estar solo
                   pero a menudo toma décadas
                   darse cuenta de ello
                   y más a menudo
                   cuando esto ocurre
                   es demasiado tarde
                   y no hay nada peor
                   que
                   un demasiado tarde.

                   Charles Bukowski




lunes, 22 de abril de 2019

Desvaríos de un demente


No hay dos olas exactamente iguales en el mar. Así es mi mundo interior: caótico y desordenado. ¿¡Cómo vivir mecido por las olas!?

Soy un tipo vulgar; solo podrás tratarme si sientes piedad por los seres disfuncionales.

Es común en los hombres maduros vivir una vieja sensación del deber cumplido solo a medias y del placer solo a medias disfrutado.

Y no olvides que la “mayoría” de los hombres son los muertos. Los vivos son una “minoría”.


El criterio es firme. La opinión es flexible. Si la opinión se guía por el criterio tenemos a una persona con carácter, al modo aristotélico. Si la opinión no se orienta por el criterio es voluble, veleidosa. Estamos ante el tarambana.

El aprecio procede del cariño, el menosprecio de la envidia y el desprecio del odio. Aprecio, menosprecio, desprecio. Hipocresía, ¡qué bien nos movemos entre los tres ámbitos aparentando justamente lo contrario de lo que sentimos!

Cuántos  pagos afectivos son en realidad estafas emocionales que seres ventajistas e inescrupulosos nos recaudan.

Lo que no es rutina es azar: Orden y caos. Providencia divina, planificación humana; todo debe suceder y sucede según lo previsto. ¿Por qué despreciamos el azar de lo natural, de la Naturaleza? Soberbia divina, vanidad humana.


Introduzco ahora una vivencia que no es de mi cosecha:

Facundo Cabral sobre su madre:
“Nunca pudo ser inteligente porque cada vez que intentaba aprender algo, llegaba la felicidad y la distraía”.


viernes, 26 de octubre de 2018

Desvaríos de un demente (en la 2ª acepción del Diccionario de la RAE)


Llevo toda la vida, y aún sigo, buscando palabras que me den cobijo. No acuden a mí. ¡Qué desesperación!

Bipolar, tal vez; multipolar, seguro. Cómo dar unidad a este laberinto de senderos enredados.

Escuchar es atender a lo que nos cuentan los demás y para ello hay que tener espacio suficiente en nuestro corazón. No sobrecargues de naderías tu mundo interior. Deja espacio libre para sentirte a ti mismo y a los demás.

El bullicio de los hombres, ¡qué incómodo para las plantas!

Arte de embaucar: Un amigo me habla. Sintetizo lo que me dice y luego yo, en la conversación, lo amplio con detalles, comentarios, ideas… hasta el cansancio. El otro se queda con cara de tonto y yo feliz, aunque lo disimulo, de mi sabiduría; una forma de poder.

Si nos acercamos a lo natural, a la Naturaleza, a los animales y a las plantas, nos sentimos en unidad; solo el pensamiento nos abre a las dicotomías, a las contradicciones, al malestar con nosotros mismos. Todo cuanto ocurre al hombre tiene una lectura desde la Naturaleza, desde lo natural, que es liberadora.

Detesto los juicios morales de lo ajeno; transpiran prejuicios.


Desde que Isaac Newton descubrió la Ley de la Gravedad se perdió el sentido del humor. ¿O no fue él? Cómo alcanzar el equilibrio entre la gravedad cargante y la levedad banal, entre la impostura de un divo y la ridiculez de un bufón.

En una pared de la ciudad algún estudiante hedonista versionó, en una pintada, el primer principio cartesiano en los siguientes términos: “Follo, luego existo; no follo, luego insisto”.

Palabras homónimas: Es curioso que un órgano tan placentero como el “pene”, sea, al mismo tiempo, la primera y la tercera persona del singular del presente de subjuntivo del verbo penar (Yo pene… Él pene). Se mezclan la risa y el llanto, el placer y el dolor. Como en la vida misma. Acaso por la conjunción de ambos elementos tuvo tanto éxito el psicoanálisis.


Introduzco ahora un aforismo que no es de mi cosecha, pero que es oportuno:
     Sentencia de Albert Camus recogida por Victoria Camps en la Revista Mercurio, Especial Doscientos, 2018,  pág. 18

“No puede haber una moral sin realismo, pues la virtud pura es inhumana”.



martes, 17 de julio de 2018

Pajaritos en la cabeza


Anidar rencor en el alma; acumular basura en el hogar.

Estéril deseo el de quien trata de someter y refrenar el corazón.

Pienso mejor después de dejar la mente en blanco.  Suspender el pensamiento me hacer ver más claro.

Quién no está en el relato no existe. Cuídate de expresar tus vivencias y compartirlas.

Es necesario refugiarse en la droga de los sueños contra el dolor de vivir.

                                               . . . . . .

Si ejecuto una acción que no me gusta, por qué, al contarlo, tiene que haber  concordancia entre sujeto y predicado. Quizás, por eso, algunos periodistas se equivocan tanto en la concordancia.

El experto en destapar las mentiras de los demás, es un sabio mintiendo.

Convive distraídamente  con tu porción de mentira.




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                                                . . . . . .

Introduzco ahora un aforismo que no es de mi cosecha, pero que es oportuno:

“La verdad padece, pero no perece”.
Santa Teresa de Jesús, Carta LXXIX


miércoles, 4 de julio de 2018

Pajaritos en la cabeza


 Baño en el mar. Sombra en el agua. No pude distinguir si era el vuelo de una gaviota o el aleteo de una perca. Siempre sombras, siempre dudas.

Dicen los sabios y los filósofos  que es imprescindible dudar para crecer como persona; de la duda metafísica a la duda existencial;  yo prefiero matar las dudas una a una como si fueran mosquitos.
                                    . . . . .

¡Qué suerte la de los que habiendo nacido no necesitan renacer cada día!

A algunos les gusta el teatro… pero en el escenario; no quieren ser actores, ni admiten distintos papeles, ni quieren ver evolucionar su vida.



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                                                  . . . . .

¡Qué pizarras más maravillosas! ¡Cuántas cosas se han comunicado desde  la palabra escrita al alma, sin imágenes! Eran como cartas de amor leídas de viva voz.

Éxtasis del whatsapp y del facebook, arterio-esclerosis del pensamiento.

Entre la amalgama de imágenes y  palabras el hombre mediocre nunca eligió.

El sentido común es la cosa mejor repartida del mundo, dijo René Descartes; y yo digo: lo repartió un borracho.

Mirar desde lejos, mirar por dentro. Que la inmediatez no te devore. Mirada de águila, andares de tortuga.

No renuncies a tus gustos, sencillos, cuasi-espirituales; es la muerte.