lunes, 4 de junio de 2018

Tipología de loros


Ensayo general de “La torre de Babel”
(Estos ejemplares de parlanchines no son reales.
Todos son productos de la imaginación.)

El “abeja”: Puede morder, más el tono de sus palabras es dulcísimo.

El “artista”: Mucha retórica para escucharse a sí mismo. Le encanta que lo alaben, aunque lo disimule.

El “champagne”: Es ingenioso y gracioso. Tiene chispa. Capacidad para enamorar y enamorarse. O para ofrecer un rato agradable.

El “chupón”: Ejemplar muy común. Acapara toda la conversación. Te deja sin palabras.

El “erizo”: Autista. Huye de la conversación, está deseando irse.

El “jirafa”: De voz engolada, arrastra las palabras y se cree único en el decir. No puede vivir sin descollar por encima de los demás.

El “laberinto”: Carrilea sin parar. Se sabe por dónde empieza, pero no por dónde va, ni cómo termina.

El “matemático”: Habla con escuadra y cartabón. Sus palabras son precisas y suficientes.

El “metralleta”: Lengua viperina. Rápidos y agresivos. Muy frecuente en la política.

El “monja”: Es una modalidad del monotemático. Habla para corregir los comportamientos de los demás.

El “monje”: Voto de silencio. Austero. Parco en palabras. No las desperdicia.

El “monotemático”: El más genuino loro. Solo habla de fútbol o de trapos, de religión o de política.

El “pozo”: Hombre tan grave que expresa treinta y tres mil ideas antes de llegar a una conclusión. Nunca se ríe.

El “vampiro”: Lento y prolijo de verbo, te chupa la sangre.

viernes, 25 de mayo de 2018

Pajaritos en la cabeza


Levanta los brazos; abre las manos; sostén tu cielo.

Tú sabes: ¿Qué pasa con el mundo? Bajo el cielo azul una pelota roja de goma  rodaba en la azotea.

Naufragios en el Mediterráneo. “Quien toma parte en el pecado de homicidio, también es un homicida”. Stefan Zweig, Los ojos del hermano eterno, Acantilado, pág. 19.

“Las gentes de corazón limpio gritan asiduamente y en todos los idiomas: “No hay derecho””.

Miro, y sonrío. No porque me guste lo que veo. Sino porque no miro lo que no me gusta.

Vivía del fantasma del oropel que invadía todo su ser.

El erotismo es a la pornografía lo que la poesía al panfleto.

Decía una filósofa a su colega: ya que no somos profundos, seamos oscuros.

La religión positiva, la religión oficial, es la manifestación más elaborada de la hipocresía. La apelación a lo divino y lo demasiado humano conviven en perfecta armonía.







Evocaciones de unos versos de Machado

“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día;
ya no siento el corazón.”
Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.”

        Versos extraídos de “Yo voy soñando caminos”, Soledades XI, Antonio Machado.

Reconozco que no es muy ortodoxo trocear un poema para entresacar unos versos. Pero este par de cuartetas, no consecutivas en el poema completo, llegaron como un obús a mi mundo imaginario y sentimental.
En el conjunto del poema, Antonio Machado, paseando por los senderos, mientras observa la caída del atardecer, fantasea sobre la vida y sus caminos, con un cierto aire de tristeza.
Triste es, también, cualquier ruptura de amor, de cualquier amor, vivo o muerto. De una persona, de las personas, de los objetos que amamos.
¿Quién no ha dejado en el camino amores posibles o reales? ¿Quién no se ha sentido alguna vez abandonado? ¿Quién no ha tenido que arrancarse, alguna vez, espinas de amor o desamor? ¡Ay, si el amor fuera siempre correspondido, eterno, sin contratiempos!
La espina de una pasión. ¡Qué imagen! Junto a la expansión ardiente de la felicidad, la zozobra de la incertidumbre, el fracaso o el paso del tiempo. El tallo de las rosas está cubierto de espinas. Y es que la vida es (tan) paradójica.
Qué ligeros pasamos por el lado de las personas que nos quieren. Nuestra vida, a veces, se bifurca, abandonando afectos regalados. En ocasiones, acontecimientos inesperados nos alejan de senderos que hemos amado.
Arrancarse la espina de una pasión, sea una decisión libre o forzada, siempre es doloroso. Extirpar la belleza de la vida. Perder la ilusión. Quebrarse el valor de las palabras. Extravío del sentido. Soledad abismal. Muñeco volátil, desarraigado.
Qué fácil se torna, entonces, el camino hacia el desconcierto, la distancia, la desconfianza, la indiferencia, la desesperación, el odio, la venganza… El corazón está calcinado y gélido en este tiempo, en ese instante.
Por eso, en casos extremos ocurre lo peor. Como en el cuento “El amor asesinado” de Emilia Pardo Bazán, donde una joven descubre el Amor por primera vez, sin vincularse a ningún ser concreto y trata de extirparlo. “El Amor a quien creía tener en brazos, estaba más adentro, en su mismo corazón, y Eva, al asesinarle, se había suicidado” (Cuentos de amor, Emilia Pardo Bazán, Pos. 119).
Parece que Machado ha vivido algún fracaso de amor y aun así lo anhela. Deseamos vivir apasionadamente, ver amanecer, refrescar nuestra mente, abrazar el calor de la pasión, sentir estremecerse nuestro ser al roce de una nueva caricia. “Aguda espina dorada, quien te volviera a sentir en el corazón clavada”. Es un canto a la vida. Por mucho que las heridas nos entristezcan, a veces profundamente, hay que resurgir, retomar la ilusión, construir nuevos caminos. Son períodos de retroceso y estancamiento para volver a dar el salto a la alegría. De las heridas, de las sombras, solo quedarán los recuerdos.
Mª Victoria Atencia (“Como las cosas claman” Antología poética. Editorial Renacimiento, pág. 192) expresa el gozo de vivir aun en la incoherencia: “Bendita seas, discordia constante, vida”.





jueves, 10 de mayo de 2018

Aforismos de Pepito Grillo en "Silencio en el Gallinero"

    “Soledad granítica, soledad menesterosa, soledad ignorada. Soledad”.

    “No sé si es la locura la que lleva al silencio; o es el silencio el que lleva a la locura”.

    "¿Cómo taladrar el hermetismo? Sudores del alma".

     “Si me alejo… me muero; si me acerco… me mata”.

    “El silencio es el nutriente del alma”.

    “No puedo escaparme del concepto. ¡Qué feliz la cabra!”.

    “Cuando la bestia se despierta, la razón se esfuma”.

    “Sacar el cien por cien de nosotros mismos: la pretensión de los agujeros”.

    "Los sistemas filosóficos son a la verdad, lo que la revelación a la religión o el cambio social a la política. Palabras huecas".

    “La estadística feminista,  la nueva religión del siglo XXI”.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Reseña: Biografía del silencio, de Pablo D'Ors, Ediciones Siruela, 2012


    La mente es muy canalla. Engulle toda la vida. Pensamos, pensamos y… pensamos. El término omnipresente del mundo moderno es el “análisis”: de sangre, estadístico, económico, político, psicológico… Descomponer, fragmentar, la parte por el todo… ¿Y cuándo componemos? El término “análisis” adquiere su relevancia actual gracias al filósofo del racionalismo moderno René Descartes.

    El gran error de la filosofía occidental es haber puesto a la razón como atributo principal del hombre, anteponiéndola a la vida, negando los sentimientos como forma inferior de conocimiento; ya lo hicieron ver Nietzsche u Ortega. ¡Cuánto aprender de la filosofía y las religiones orientales!

    El que sepa interpretar el título de este blog “Silencio en el gallinero”, en alguna de sus múltiples evocaciones, podrá comprender la importancia que tiene para mí el silencio. Es el ámbito desde el cual el ser se puede encontrar a sí mismo; la unidad, la “síntesis” contrapuesta a toda fragmentación, la superación del haz de contradicciones. La búsqueda de uno mismo entre el ruido y la furia. El sosiego, la paz, para afrontar el mundo con serenidad y equilibrio. Instinto, emociones y razón en un todo; intuición primaria o artística frente a tanto desgaste analítico infructuoso.

    Por eso, me gusta “Biografía del silencio” de Pablo D’Ors. Sacerdote católico y escritor, nieto del ensayista y crítico de arte Eugenio D’Ors. En 2014 fundó la asociación “Amigos del desierto”, cuya finalidad es profundizar y difundir la dimensión contemplativa de la vida cristiana. Fue nombrado consejero del Pontificio Consejo de la Cultura por designación expresa del papa Francisco.

    Está emparentado con la literatura de Franz Kafka, Hermann Hesse y Milan Kundera. Su maestro espiritual es Elmer Salman del que valora sus luminosas palabras y su sentido del humor. También recoge influencias del budismo zen.

    Los obispos españoles José Ignacio Munilla, prelado de San Sebastián y José Rico Pavés, auxiliar de Getafe lo acusan de hereje y de escribir “dislates”.

    La meditación es el núcleo de “Biografía del silencio”. Según Pablo D’Ors, la meditación es el arte que hace enriquecedor al silencio.

    “Meditar es… observar los movimientos de la propia mente… Porque mientras se observa, la mente no piensa. Así que fortalecer al observador es el modo para acabar con la tiranía de la mente…” (Pos. 483 del eBook).

    “Sentándome y observándome he posibilitado esos chispazos o intuiciones que me han descubierto quién soy mucho más que reflexionando sobre mi personalidad por la trillada vía del análisis. Cuando me siento y me observo… me vuelvo a descubrir fuera, generalmente fantaseando –soy un tipo muy fantasioso-; o elucubrando –soy también bastante especulativo-; o preocupado por algo que me acecha en el futuro –como a casi todos los seres humanos, me angustian algunas cosas-,…” (Pos. 492).

    “… Tanto más se piensa, tanto más se debe meditar: esa es la regla. ¿Que por qué? Pues porque cuanto más llenamos la cabeza de palabras, mayor es la necesidad que tenemos de vaciarla para volver a dejarla limpia” (Pos. 342).

   “La práctica de la meditación a la que me estoy refiriendo puede seguramente resumirse en saber estar aquí y ahora. No otro lugar, no otro tiempo. Esto significa que se trata de una práctica de re-unificación, de re-unión. Queremos estar con nosotros…” (Pos. 597).

    Mi única discrepancia con el autor se ciñe a un párrafo:su visión conservadora en cuanto a la necesidad de transformación de la realidad. La meditación no implica necesariamente una aceptación pasiva de la injusticia o la hipocresía social.

    Por último, recojo algunas otras citas que me gustan:

    “… para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse.” (pos. 128-132).

    “Los seres humanos solemos definirnos por contraste o por oposición, lo que es tanto como decir por separación y división. Pues es así, dividiendo, separando y oponiendo como precisamente nos alejamos de nosotros mismos.” (Pos. 238).

    “… Vivimos ebrios de ideas e ideales, confundiendo vida y fantasía… cualquier vida, es mucho más hermosa e intensa que la mejor de las fantasías…” (Pos. 246-250).

    “… Para el hombre que medita –hoy lo veo así-, no hay distinción entre sagrado y profano” (Pos. 320).

    “… más de un ochenta por ciento de nuestra actividad mental –y es probable que me haya quedado corto en esta proporción- es totalmente irrelevante y prescindible, más aún, contraproducente. Es mucho más saludable pensar menos y fiarse más de la intuición, del primer impulso… Pensamos mucho la vida, pero la vivimos poco…” (Pos. 333-338).

    “… Es en la nada donde el ser brilla en todo su esplendor… La meditación apacigua la máquina del deseo y estimula a gozar de lo que se tiene.” (Pos. 386).

    “… nos cuidamos mucho de evitar la comparación entre unos y otros, que es siempre lo que destruye cualquier agrupación humana.” (Pos. 620).

    “… yo no soy aún quien verdaderamente soy, sino todavía alguien demasiado artificioso e innecesariamente complejo.” (Pos. 641).




jueves, 29 de marzo de 2018

Aforismos de “El silencio en el gallinero”


 “Puedo ver, puedo oír, puedo saborear, puedo tocar,... acariciar ¡Qué más puedo pedir!

“Vive en soledad justo hasta antes de llegar al vacío; entonces corre en busca de compañía”.

“El yoísta tecnológico habla sin parar consigo mismo”.

“El que siembra desafecto recoge soledad”.

“Las lágrimas más dolorosas son las que no brotan de los ojos”.
                                     
                                                   ***
“La ilusión revolotea por encima de la realidad”.

“Quiso ser tan original que nunca creó nada”.

“Más vale ser un imbécil consecuente que un idiota con aura de sabio”.

“De la mayoría surge la mediocridad; del individuo la excelencia”.

“El rumor y la maledicencia son inversamente proporcionales al tamaño de la población”.




miércoles, 28 de marzo de 2018

Citas de “El azar y viceversa” de Felipe Benítez Reyes


 “La cosa difusa del pensar… suele ser la distracción del solitario”.  (pág. 13)

“… aquellas tormentas del carácter le sobrepasaban la voluntad”. (pág. 20)

 “… es posible que los terrores artificiales resulten más intensamente reales que los terrores reales.” (pág. 84)

 “… no existe la chaladura perfecta: por algún sitio mete siempre un tentáculo la Razón.” (pág. 104)

“… una cosa es la realidad que uno sueña y otra cosa muy distinta lo que sueña, a su aire, la realidad.” (pág. 128)

“… en el amor circulan muchos billetes falsos,…” (pág. 128)

 “… a nadie le gusta ser el pato que nada junto al cisne.” (pág. 132)

 “… el dinero no suele andar por su pie hacia las personas a las que no conoce de antemano.” (pág. 151)

 “La fantasía, en fin, como usted sabe mejor que yo, es la facultad del alma que sale más barata, a pesar de ser la que vuela más alto.” (pág. 180)

 “… todo listillo, en cuanto divisa un pedestal, se encarama a él,…” (pág. 214)

 “… Cualquier vida es la historia mal contada de alguien que da tumbos en un laberinto trazado por un demente, sin saber que el demente es él.” (pág. 225)

 “… nadie se libra así como así de sus locuras estables.” (pág. 273)

 “… contradictoriamente expansivo y taciturno,…” (pág. 288)

“… quien nos cuenta un secreto solo acierta a contarnos la parte menos secreta del secreto en cuestión, ya que un secreto que merezca ese nombre no puede ni siquiera formularse.” (pág. 288)

 “… lo suyo era menos beatitud que beatería, más idolatría que espiritualidad,…” (pág. 343)

 “… comprendí que la felicidad es algo muy simple: basta con inventarla.” (pág. 369)

“… para liarse la manta a la cabeza es más importante tener una manta que tener cabeza.” (pág. 372)

“No tenemos creencias. Las creencias nos tienen.” (pág. 381)

 “… qué poca importancia tiene lo que hacemos al dictado simplón del cuerpo, ese pobre diablo al que intentamos aplicar un control moral y metafísico, cuando lo suyo es mear y follar,…” (pág. 417)

“Y es que en cuestiones de amor todos estamos al nivel de los grandes poetas del romanticismo inglés, pero en cuestiones de sexualidad todos estamos al nivel de los mandriles, incluidos los grandes poetas del romanticismo inglés.” (pág. 417)

 “… en esto del vivir es sin duda más listo quien acierta a llenarse el pensamiento de grandes ideas y a distraerlo con grandes especulaciones, pero suele ser más feliz quien aprende a moverse en el vacío,…” (pág. 445)






lunes, 26 de marzo de 2018

Reseña: El azar y viceversa, de Felipe Benítez Reyes Ediciones Destino, 2016



   Me recomendó esta novela un amigo, escritor de prensa. Había yo leído Mercado de espejismos y no acabé satisfecho. Mi amigo insistió en que leyera ésta y acertó. Es una novela desenfadada, fresca, divertida e ingeniosa, impregnada de un amplio sentido del humor.
   La trama cuenta la historia del pícaro moderno Antonio Jesús Escribano Rangel, una vida llena de peripecias de supervivencia, donde el azar y la truculencia hacen acto de presencia: trabajos precarios, prostitución, drogas, pequeños robos, trueques; todo para asegurar el alimento y un poco de jolgorio y fiesta, acompañado de diversos personajes de distinto pelaje propios de la época: principios de los setenta.
   La acción se desarrolla en Rota, Cádiz, El Bosque y Sevilla; mencionando calles, bares y lugares de todos los paisanos conocidos.
    El tono de la novela se manifiesta en un concepto que Benítez Reyes utiliza en varias ocasiones a lo largo de la novela: Chilindrina, a saber, cosa de poca importancia; anécdota ligera, equívoco picante, chiste para amenizar la conversación; chafaldita (pulla ligera e inofensiva).
    Los amores que aparecen a través del argumento lo son de intereses mutuos, de utilización consensuada, de desilusión compartida. El papel de la mujer queda en segundo término; no hay una protagonista estable que acompañe a Antonio. Solo al final de la novela.
   Aunque diversos comentaristas hablan de obra autobiográfica, y sin duda algunos elementos habrá, no me puedo creer que Felipe Benítez Reyes haya vivido en sus carnes todas y cada una de las pequeñas anécdotas que va contando. Se trata, pues, a mi modo de ver, de una mezcla de vivencias y ocurrencias ingeniosas, enriquecida con un rico vocabulario. Como lo son todas las obras literarias de calidad.
    Recuerda que la vida no es orden y regularidad. No existe la Providencia ni ninguna Filosofía Lógica que hilvane el desarrollo histórico de la realidad. Solo caos y aleatoriedad, como exponen algunas nuevas corrientes de la ciencias sociales. En este contexto, el personaje se va acercando a otras personas, que generalmente conoce a través de bares, para sacar lo que puede a cambio de humillaciones, a las que se va sobreponiendo.
   No obstante, entre tanta chilindrina amena y simpática, va dejando caer Felipe Benítez Reyes toda una fenomenología de la vida en expresiones que se mezclan con las vivencias del protagonista. Enriquecen y dan sentido a lo que podría parecer una historia vana e intrascendente; todo ello sin perder ni un ápice de sentido del humor.
    Por ello, en el siguiente escrito, he recogido una selección exhaustiva, para no aburrir, de algunas citas del libro de Benítez Reyes. Espero que ustedes sepan apreciar la agudeza y sencillez de esas expresiones.

viernes, 3 de febrero de 2017

¿De qué vives?


Habitaban un piso de hormigón de cuarenta metros cuadrados en dos plantas. La mayoría de los vecinos disponían de todo el tiempo del mundo. Eran parados de larga duración con camisetas raídas de tanto usarlas. Personas abandonadas de Dios que caminaban desnortadas; con la mirada taciturna y defensiva; de hablar solitario y, sin embargo, dispuestas al griterío.

Eloísa, su madre, era empleada de hogar. Su hombre, un camionero austríaco, la había abandonado antes de nacer su hija. Humilde trabajadora en las casas ajenas se ponía alegre al llegar a la suya.  Su hija le insuflaba vida y por ella hacía lo que fuera necesario. Disfrutaba sobre todo cuando le hacía la trenza. Tenía un cabello brillante y sano que le llegaba por debajo de la cintura. Se lo lavaba casi todas las noches con agua tibia, le aplicaba una gotitas de limón y lo dejaban secar al aire libre. Después se lo cepillaba dándole diez pasadas.

A Noelia, que adoraba a su madre, le gustaba decir:

-         Yo soy como mi madre, se cae una tapaera y me pongo a bailar.

Solo una cosa la entristecía: las dificultades que pasaba su madre para llegar a final de mes con lo poco que ganaba.

Lo hacían casi todo juntas. Mientras paseaban, Eloísa le dijo:

-         Y Jesús, ¿cómo es?
-         No sirve para estudiar.
-         ¿Te gusta?
-         Mucho.
-         ¿Es buen muchacho?
-         Sí.
-         ¿Estás segura hija? ¿No te engañará con palabras? Si no es formal pasa de él.
-         Sí, mamá.

Un miércoles por la tarde Noelia llegó a su casa con el pelo rapado. Su madre, con lágrimas en los ojos, exclamaba:

-         Pero, ¿qué has hecho, hija? ¡Con lo bonito que era tu pelo!
-         Me lo han cortado y he vendido la trenza a una empresa de Carabanchel Alto. La he enviado por correo postal certificado.
-         Y…
-         Hacen extensiones, pelucas, postizos, y los venden.
-         No es que ahora no estés guapa pero tu pelo, ¡era tan bonito!
-         Mi cola ha medido sesenta centímetros, ha pesado cien gramos y me han dado cien euros para ti.
-         Pero, hija nos íbamos apañando.
-          Mamá, donde falta pan se vende pelo.
-         ¡Ay, hija, qué graciosa y qué buena eres!

En Navidad, Noelia, que estaba comenzando primero de bachillerato, llegó a su casa exultante.

-         ¡Mamá, mamá! Me han concedido la Beca 6000.
-         ¿Y eso cuánto es hija?
-         600 euros al mes durante diez meses.
-         ¿Eso es lo que tú querías, no hija? Lo guardaremos y así te podrás pagar los gastos de universidad.

Cuando finalizó el curso, allá por junio, ocurrió algo terrible. A Eloísa, yendo a trabajar, la atropelló un coche en un paso de cebra con tan mala fortuna que, al caer, dio con la cabeza en el bordillo de la acera.

Noelia sufrió mucho porque echaba de menos a su madre. Pero no tenía otra solución. Así que se fue a vivir con su tía Manuela que era una mujer triste. Abrió una cuenta en un banco a su nombre y al de su tía con el dinero de la beca.

Continuó sus estudios acabando segundo de bachillerato con buenos resultados. Trataba de superar la pena. Jesús la animaba todo lo que podía.

Cuando fue a pagar la matrícula de la universidad descubrió que su tía había sacado de la cuenta mil doscientos euros.

-         Tita, ¿qué has hecho sacando dinero de la cuenta de la beca?
-         ¿Qué te crees que vas a estar aquí de balde?
-         Ese dinero lo guardó mi madre para que estudiara la carrera.
-         Si no puedes estudiar lo siento; la comida es lo primero. Eso es lo que hay Noelia. Y si no ya sabes.

Noelia se marchó a la calle llorando y enfurecida. Se encontró con Jesús y le contó lo que le había sucedido.

-         No te preocupes, cariño. Encontraremos el dinero para que puedas estudiar.
-         Y tú, ¿de qué vas a vivir?
-         De la chatarra, - le contestó Jesús.
-         ¿Y hay chatarra para todo el mundo?


martes, 14 de junio de 2016

Elogio noble de la banalidad


     La vida es un cuento, un relato narrado por multitud de personajes locuaces, un gallinero lleno de ruido y de furia. Por eso, antes que las palabras prefiero las acciones. Y algunas son muy sencillas,   neutras, insignificantes, y nos reconcilian con la naturaleza o con nosotros mismos: oler la tierra húmeda, contemplar una puesta de sol, caminar en la ciudad o en la montaña, comer el pan recién salido del horno de leña,   los viejitos tomando el sol, tomar un café después de comer,  compartir una copa de vino con unos amigos, practicar deporte… y otras muchas más.

     Todas estas acciones parecen tener un rasgo común: Necesitan de tiempo, mucho o poco; y de una disposición entregada e inocente a perder ese tiempo que nos requiere la acción, sin horario ni calendario. Se suspende el carácter utilitario, productivo del tiempo. Parecen seguir el lema: “Mientras voy y vengo en el camino me entretengo”.

     La forma más lograda en que se presentan estas acciones banales es ese sueño ligero que llamamos “a duermevela”. Período, generalmente breve, que precede a perder la conciencia con el sueño profundo. Palabra compuesta de dormir y velar. Es la modorra versátil de la madre que descansa al tiempo que vela el sueño o el juego de sus hijos.

     Requiere cierto silencio y una luz tenue. Y ahí aparecen en el pensamiento, entre el consciente y el subconsciente, brillantes ideas, espléndidas composiciones audiovisuales que, por desgracia, suelen desvanecerse cuando queremos recordarlas al recuperar el estado de vigilia. Esas visiones de duermevela son una fuente para la creación literaria o artística.

     Estas acciones triviales no requieren gran ingeniería mental, ni finalismo alguno. Están del lado de lo natural, del placer, de lo que nos hace sentir vivos y felices. Descubrimos la plenitud en lo aparentemente vacío, lo especial en lo rutinario.

     Elogiar lo banal sería hacer una loa de lo inútil en un mundo falsamente productivo, de lo simple que se esconde detrás de lo complejo, de la lujuria que se asocia ineludiblemente con el amor. Ninguna acción tiene valor si solo se ve recompensada en el futuro, ya sea por la salvación cristiana o por una humanidad redimida en un supuesto paraíso terrenal. Que el futuro no nos distraiga del presente. Nuestra única tarea es vivir, respirar, sentir, disfrutar. Ninguna utopía sana puede generar un hombre culpable o triste.

     La banalidad es parte inherente y necesaria de la conducta humana. Tiene que ver con el dios de las pequeñas cosas.  Está del lado de lo espontáneo. Nos proporciona serenidad y sosiego. Supone una especie de descanso, al menos transitorio, del mundanal ruido.

                                       


jueves, 9 de junio de 2016

Citas aladas

“La costumbre, violenta y traidora maestra de escuela. Poco a poco, a la chita callando, nos pone encima la bota de su autoridad; mas con este suave y humilde principio, al haberla asentado y plantado con la ayuda del tiempo, nos descubre de pronto un furioso y tiránico rostro, contra el que ya no tenemos ni siquiera la posibilidad de alzar los ojos”.

               Michel de Montaigne
               Ensayos completos, Cátedra, Libro 1º, cap. XXIII, pág. 149

“Pero nosotros queremos sofistas, en el mejor sentido de la palabra, o, digámoslo más modestamente, en uno de los buenos sentidos de la palabra: queremos ser librepensadores. No os estrepitéis. Nosotros no hemos de pretender que se nos consienta decir todo lo malo que pensamos del monarca, de los Gobiernos, de los obispos, del Parlamento, etc. La libre emisión del pensamiento es un problema importante, pero secundario, y supeditado al nuestro, que es el de la libertad del pensamiento mismo”.

                Antonio Machado, Juan de Mairena I, Cátedra, pág. 209


martes, 7 de junio de 2016

Le entró por las orejas


Ya desde el vientre de su madre escuchaba el ruido estridente de las máquinas de una fábrica de hierro que había junto a su casa. Después, en el colegio, sus compañeros se reían, cantándole: “¿Qué es el viento? Las orejas de López en movimiento”. Él interpretó que debería ser un portento y puso sus orejas a oír durante toda la vida. Tanto escuchó que el mundo le pareció un gallinero y empezó a seleccionar mensajes: palabras originales, sonidos naturales, música clásica… Quería extraer armonía en el ruido.

Hablaba poco porque sus palabras no resultaban muy convenientes a los demás.

Y así, cuando comenzó a salirle la barba, observó que le crecían pelillos de color gris en unas orejas cada vez más grandes y arrugadas. Que era capaz de moverlas por separado en milésimas de segundo para escuchar con una precisión aún mayor. Que emitía sonidos que le devolvía una especie de eco.  Adquirió la capacidad de discernir tonos y timbres, intensidades y volúmenes, cadencias y ritmos, direcciones, velocidades y distancias. Lo que le permitió desenvolverse con soltura en la oscuridad.

Desde entonces no volvió a articular palabra.


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